A diario observo tanto a familias como a docentes preocupados porque sus hijos e hijas, alumnos y alumnas se muerden las uñas. De hecho, es un aspecto que se debe tomar en consideración a la hora de tratar al pequeño o pequeña, ya que, el estado de sus uñas y pieles que las rodean nos dan información de su gestión emocional y de cómo se encuentra en cada momento.
La onicofagia es el hábito de morderse las uñas y es considerado como un recurso para rebajar la ansiedad, la inseguridad, la depresión o la angustia. Se trata de un trastorno nervioso común que afecta a un 4% de los niños y niñas y a un 25% de los adultos. Este hábito suele aparecer entre los tres y los cinco años, sobre todo en los niños y niñas más nerviosos. La frecuencia suele aumentar conforme se aproxima la adolescencia. Y a partir de los doce años, acostumbra a desaparecer. Pero hay casos en los que este mal hábito se mecaniza y se convierte en una acción placentera para quienes la practican, ya que, ayuda a calmar el estado de ansiedad y a inhibir los impulsos.

Las causas que pueden llevar al hábito de morderse las uñas son las siguientes:
Causas psicológicas: los estados obsesivos, compulsivos, la agresividad, la ansiedad, angustia, nervios… Cualquiera de estos estados puede desencadenar de manera inconsciente y frenética, el impulso de comerse las uñas. El estrés por los exámenes, los deberes, o en general por las demandas del colegio, son factores que pueden desarrollar esta acción compulsiva.
Causas psicosomáticas: cambios dramáticos en la unidad familiar, no asumir la pérdida de un ser querido, violencias y disputas domésticas reiteradas ante el sujeto, divorcios y separaciones de los padres, rechazo a los padrastros o madrastras, rechazo a la incorporación en la familia a nuevos hermanos y hermanas, malos tratos y humillaciones, presión por los estudios en el ambiente familiar o escolar y un sin fin de otras causas. Pero en la mayoría de estas causas las frustraciones acumuladas, la timidez y la baja autoestima son los rasgos más significativos que llevan al sujeto a morderse las uñas. Desaparecerá esta manía cuando se adquiera confianza y seguridad en el área familiar, escolar o laboral.
Como síntoma de algún trastorno: en el caso, por ejemplo, de niños y niñas que presentan TDAH, es habitual que se observe esta conducta.
¿Cómo tratar esta cuestión?
Normalmente caemos en el error de regañar al niño o niña por esta conducta, de prohibirle morderse las uñas, de ejercer vigilancia sobre él e incluso de premiarlo si consigue abandonar el hábito. Lo que no sabemos, o de lo que no somos conscientes en ese momento, es de que de esta forma sólo conseguiremos aumentar su ansiedad y presión, lo que desembocará en un mayor problema para el pequeño o pequeña, que en ocasiones llega al punto de tener que ocultarse para hacerlo, de esconder sus manos, o de mostrarse muy irritable e inseguro.
La onicofagia se trata sólo con voluntad propia. No existe solo un tratamiento concreto para dejar de comerse o morderse las uñas. Se trata de ir al origen, a la raíz de la problemática, de dominar los nervios, ansiedad o problemas cotidianos que te arrastran a este mal hábito. Si se trata de un niño hay que ayudarle porque por sí mismo será incapaz de superarlo.
¿Cómo ayudar al niño, niña o adolescente a superarlo?
Los adultos, tanto familiares como profesores o demás agentes de socialización, debemos orientar a los pequeños a través de estas pautas:
1º El niño, niña o adolescente, debe ser consciente de los momentos o contextos en los que necesita llevar los dedos a la boca ( en el colegio, en casa cuando hace los deberes, cuando comete errores en los mismos, etc.) para, de esta forma, detectar qué emociones surgen en él. Si es miedo, angustia, nervios, culpa etc.
2º El niño, niña o adolescente, debe tomar consciencia de aquellas actividades o entornos en los que no realiza dicha acción ( en casa, en el parque, practicando algún deporte, dibujando, etc.) para, de esta manera, identificar aquello que sirve como medio para canalizar las emociones que le llevan a morderse las uñas.
3º Estrategias para abandonar el hábito:
Mordisquear una raíz de regaliz u otra planta comestible. Sus dientes y su boca estarán lo bastante ocupados con estas ramitas para no aceptar a otros invitados como son sus dedos o sus uñas. Lo importante es tenerla entre los dientes el mayor tiempo posible sólo en las situaciones que activen, provocan o estimulan su hábito de comerse o morderse las uñas.
La raíz de regaliz la podemos encontrar en todos los mercados y herboristerías del mundo. (No se debe nunca masticar seguidamente más de una semana esta planta u otras plantas comestibles. En todo caso asesórate antes de probarlas y asegurarte que no tienes alergias o contraindicaciones a estas plantas medicinales).
Tener las manos ocupadas: permitir que el niño, durante esas actividades o momentos en los que sale mordisquear sus uñas, pueda manipular una pelotita antiestrés u otro objeto que le ayude a controlar el impulso.
Practicar deportes o actividades que le ayuden a relajarse física y mentalmente: baile, pintura, manualidades, yoga, mindfulness o cualquier deporte que les guste.
Es importantísimo apoyar a los niños en este proceso y no culpabilizarlos cuando no consiguen el objetivo, eso solo hará que aumente su frustración. Alentarlos a continuar y validar sus emociones es primordial, así como reforzar positivamente los momentos en los que se den cuenta y decidan parar por ellos mismos la acción negativa.
Además, señalar que en los casos del alumnado que presenta TDAH, resultará muy favorecedor permitir que tengan momentos en los que pueden moverse y descansar de la actividad que estaban realizando. Este desahogo es muy útil para que puedan volver a concentrase en la tarea.